Quedamos en la iglesia, nuestro punto de encuentro habitual, para coger un taxi hasta el aeropuerto. Hubieron muchas lágrimas en el taxi cuando dijimos adiós a Dublín. Facturamos las maletas, pasamos a través de la zona de seguridad y nos relajamos en el otro lado a la espera de embarcar en el avión.
Todas estaban muy emocionadas por ver a sus familias que estaban esperándolas en Valencia.
Fue una gran experiencia para las chicas y tienen un montón de buenos recuerdos para guardar.










